Los secretos del prensado paraguayo

El periodista brasileño Matias Maxx comparte en la Expocannabis su experiencia en las plantaciones paraguayas de marihuana .                                                                                            

Matias Maxx es un fotógrafo y periodista de Río de Janeiro. Desde 2010 es corresponsal de VICE Brasil. En 2016 publicó el reportaje “¿Funcionó la pacificación de la favela Complejo Alemán?”, galardonada con el V Premio Latinoamericano de Periodismo sobre Drogas. En 2017, ganó una beca de periodismo investigativo de la Agencia apublica.org y pasó 15 días visitando cultivos de marihuana en Paraguay, lo que resultó en dos reportajes “Desmorrugando la marihuana paraguaya” y “¿Cómo nace el prensado?”. Compartimos extractos de su conferencia en la Expocannabis 2017 sobre esta investigación.

 

Matías Maxx conferencia “Desmorrugando el prensado paraguayo, !el peor faso del mundo ha sido bueno!”

Cuando empiezo a fumar marihuana allá por el año 95, me doy cuenta de que lo consumía era muy distinto a lo que veía en las revistas.  Eran unos cuadraditos marrones, prensados, que olían muy mal, ya en ese entonces me preguntaba como esos cogollos hermosos que veía en fotos podían terminar así.

Con el tiempo comencé a cultivar y escribir sobre el tema pero siempre me quedo esa interrogante.  A los años me fui contestando algunas de esas preguntas, entrevistando gente que le habían contado cómo se prensaba el cannabis en Paraguay.  En Uruguay conocí un cultivador que estuvo allí contratado por los narcos para mejorar el producto, me narró toda su experiencia e insistió en que tenía que ir allí.

Este año se dio todo, una agencia de periodismo brasileña apublica.org otorga becas de periodismo de investigación y el tema del 2017 era la marihuana. Presente el tema de la investigación en Paraguay, gane y un amigo me puso en contacto con un gerente de un plantío que trabajaba para un narco.

El camino

Primero fui a Pedro Juan Caballero, una ciudad en la frontera entre Brasil y Paraguay. Allí conocí a ese gerente, constato que no era policía, que era un periodista de la movida cannábica y me llevó a su casa que se parecía más a un escondite, con muros muy altos y circuito cerrado de cámaras.  Al otro día nos vinieron a buscar unas camionetas 4 x 4 para ir hasta la plantación, fueron unas cuatro horas de viaje. Cada vez que veíamos a lo lejos algún movimiento policial, nos tirábamos por caminos alternativos y después volvíamos a la carretera, en ese viaje llevábamos provisiones e insumos de mantenimiento para el cultivo.

Hay muchas zonas de cultivo que están dentro del territorio de parques nacionales o son arrendadas a grandes haciendas de ganado. Los patrones que arriendan esas tierras son en mayoría brasileños y contratan a campesinos paraguayos.  En los campos de unas cinco hectáreas, trabajan un jefe de cultivo con un equipo de cuatro personas durante los tres meses de cultivo, cuando llega la cosecha contratan a más de diez jornaleros.

Microciudad

En ese lugar había varias fincas una al lado de la otra, cada una con un patrón y con  trabajadores distintos.  Los campamentos están todos muy cerca, parece una microciudad dentro de la selva, prácticamente no hay mujeres y hablan guaraní entre ellos.

Estuve cuatro días acampando con ellos, la mayoría de los trabajadores no fuma marihuana pero sí beben mucho alcohol. Los brasileros si fuman, lo curioso es que fuman prensado teniendo esas flores a disposición, como si la marihuana no tuviera valor antes de que pase por la prensa para ellos.

Todas las filmaciones y fotos las hice con un celular, no me dejaron llevar cámaras. Fue un trabajo fino de ganar confianza con los jefes y los campesinos durante varios días.  Como los narcos son brasileros y yo también, los campesinos me identificaron como un narco. Tuve que ganarme su confianza, tomar cachaza con ellos para que me contaran sus historias. La casa de los narcos funcionaba como una familia, todos se levantaban temprano y tenían sus tareas domésticas, se cocinaba, se lavaba la ropa, mirábamos televisión, muchas películas.

La cosecha

Pude probar la marihuana antes de que la procesen y es excelente, con muy buenas genéticas.  Están plantando híbridas mezclando semillas que trajeron de Europa y paraguayas. En el plantío observé cinco variedades, pero al final las procesan todas juntas. Hay montones de marihuana por todos lados, se tira, se echa al fuego para hacer humo, se la dan a los cerdos, pero del momento que sale de la prensa todo cambia, se custodia con gente armada y se transporta rápidamente.

Organizan muy bien el cultivo, tratan de matar los machos -aunque es casi imposible detectarlos a todos a tiempo- pero al momento de cosechar comienza el desastre. Para secarla, las ponen todas juntas con una lona arriba al sol, no se seca, se pudre con ese procedimiento.  Todo el olor a amoniaco que identificamos en el prensado paraguayo se produce ahí, aclaro que es un mito que los paraguayos orinan el cannabis, no vi eso y sería imposible mear tanto cannabis.

Luego van desgajando los cogollos con la mano y la zarandean para sacar las hojas, en todo este proceso hay una cantidad enorme de tricomas desperdiciados, todo va para el suelo, son montañas de hachís que van a la basura. Tiran todo por total desconocimiento, les pueden dar consejos pero no permean entre los campesinos que llevan tres generaciones cultivando de esa manera, te mandan al carajo en guaraní.

A la prensa

El prensado es más como un trabajo de alta responsabilidad, se realiza lejos de donde la procesan. Estuve cinco horas allí, vi prensar 100 kilos que empaquetaron en el momento, llegó una camioneta y a Brasil. Van ingresando de a 5 kilos de cannabis a la prensa hidráulica, le ponen un plástico arriba, la prensan, agregan 5 más y así. Terminan en un bloque gigante de 50 kilos que cortan y empaquetan en ladrillos.  Antes de prensar las pisan y todos los bichos que andan entre la marihuana quedan prensados.

El negocio

El patrón con el que yo estuve tenía dos fincas, en cada una invirtió 9000 dólares y con eso cosecho seis toneladas de marihuana equivalentes a cuatro toneladas de prensado. En Río de Janeiro un gramo de prensado puede costar 3 dólares. Los campesinos ganan 12 dólares al día y los de la prensa 2 dólares la hora. Observe un relacionamiento muy feudal entre los narcos y los campesinos.

Todo el mundo es reemplazable en esta empresa, si caen presos o pasa cualquier cosa, ya hay otro para reemplazarlo, así sea el jefe. Hay mucha hipocresía al decir cayo un gran jefe del narco, se reemplaza enseguida, los grandes jefes son los que manejan los contactos para el transporte, son los senadores, diputados, jueces, militares y policías que posibilitan el tráfico de la droga.

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