Invisibles

Resultados del estudio «Caracterización de la demanda de cannabis medicinal en Uruguay» realizada por el Monitor de Cannabis de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República. Anuncios de emprendimientos de empresas extranjeras y nacionales en la investigación y producción de cannabis medicinal en el país.

Más allá de teorías conspirativas, posturas, argumentaciones a favor y en contra, los usuarios de cannabis medicinal siguen utilizando estos medicamentos y el número de ellos se potencia por las experiencias entre médicos y pacientes que se realizan en el país, de manera exponencial desde 2014 a la fecha. Sin embargo, la urgencia sanitaria de estos pacientes y los esfuerzos de diversas organizaciones para visibilizar esta problemática, no han permeado en la agenda mediática local y en las autoridades sanitarias de nuestro país, que en consonancia con la prédica del Presidente de la República, han invisibilizado a estos usuarios y coartado las oportunidades de desarrollar una industria nacional de cannabis medicinal.

La realidad de estos pacientes no ha cambiado, se sigue colocando al cannabis en la lista de sustancias controladas, lo que equivale a no reconocer potenciales médicos ni de uso científico. Además, la normativa del Ministerio de Salud exige un ensayo clínico a todo producto de uso médico, cuyo valor asciende a US$ 5 millones, inversión solo asimilable por la gran industria farmacéutica.

Para conocer la realidad de estos pacientes, el Monitor del Cannabis (Equipo de Evaluación y Monitoreo de la Regulación del Cannabis que funciona en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República) realizó una encuesta entre usuarios que se dio a conocer en un completo informe el pasado mes de mayo. La investigación concluye que solo un 7% de los pacientes que está en tratamiento con cannabis, accede a los productos con la firma de su médico. El resto acude a otras vías como la compra a terceros, por Internet, en el exterior, el autocultivo o los clubes cannábicos.

Gustavo Robaina, investigador del Monitor del Cannabis, considera que «la baja cifra da cuenta de que la mayoría está accediendo a un producto sin control de calidad, sin saber la cantidad de psicoactivo, de residuos de agroquímicos y metales pesados, de las condiciones higiénicas de secado, de la asesoría de un médico que informe y evalúe…»; y concluye que «se corre riesgo de que se logre el efecto contrario al deseado».

Dos luces en el camino

En los últimos días se conocieron dos noticias alentadoras en la escena del cannabis medicinal uruguayo. La empresa Australiana Algae.Tec dedicada a productos derivados de las algas, informó que probará suerte con el cannabis medicinal en Uruguay. Comenzará con una plantación de diez hectáreas en setiembre como parte de su acuerdo de investigación y colaboración con Winter Garden Biosciences.

Algae.Tec va a cultivar, cosechar, extraer los productos y vender estas plantas, que serán usadas para generar productos derivados en los laboratorios que tiene Winter Garden en Uruguay. La plantación inicial de diez hectáreas podría expandirse hasta 150 en el área que posee Winter Garden, que incluye cosechas al aire libre y de invernadero.

Estas plantas de cannabis genéticamente inalteradas requieren menos pesticidas, herbicidas y fertilización que casi todas sus variedades de contrapartida genéticamente modificadas encontradas en Norteamérica. La empresa también podría generar ingresos inmediatos a través de la venta de semillas, aceites, productos combinados de algas y fibras de cáñamo a los mercados de América del Norte y Europa.

A su vez, la Subsecretaria del Ministerio de Salud Pública, Cristina Lustemberg confirmó el pasado martes 29 de agosto que una empresa uruguaya está culminando los trámites para comenzar a producir en el país productos medicinales a base de cannabis. Lustemberg aseguró que en dos o tres meses culminaría el trámite para habilitar a la empresa que importaría la materia prima desde Suiza y luego elaboraría el producto en Uruguay.

El producto sería utilizado bajo indicación médica para tratar casos de epilepsias «refractarias», es decir, resistentes a los tratamientos convencionales. La jerarca se mostró optimista en que el nuevo producto podría ser una alternativa a algunos preparados de fabricación casera que se venden en el mercado para ese tipo de tratamientos y que según el MSP «pueden no tener las condiciones adecuadas de tiempo y seguridad».

Lustemberg estimó que el precio del nuevo producto rondaría los 100 dólares y podría estar disponible a comienzos de 2018. De todas maneras, pidió ser cautos con el anuncio debido a «la sensibilidad que genera en los pacientes».

Sería prudente que el Estado encuentre una solución a las trabas financieras impuestas por los bancos antes de realizar un anuncio que involucra las expectativas de familiares y pacientes de cannabis medicinal. Ya vimos cómo esta situación paraliza a una farmacia de barrio y las dificultades que enfrentarían inversiones como las mencionadas no serían menores. Esperemos equivocarnos.

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