Coevolución Homo sapiens, Cannabis sativa y otras yerbas

Cannabis sativa y Homo sapiens son viejos amigos. Como amigos íntimos y de largo tiempo, nos hemos influenciado mutuamente. Nosotros moldeamos a la cannabis y ella nos moldea a nosotros.

La idea de prohibir a la planta hubiera parecido absurda a los pobladores de China, India o Nepal que hace 10.000 años atrás observaron como las aves comían ávidamente esas semillas tan apetitosas como nutritivas. Si la semilla podía comerse, también podía ser un alimento la flor o las hojas. Recolectar y transportar. Los humanos usaron a la planta para mejorar su alimentación , la planta uso al humano para recorrer el mundo y establecerse más allá de su lugar de origen.

A nuestros antepasados pescadores les hubiera sonado ridículo prohibir la planta con la que fabricaban sus redes. Aquella planta que con sus fibras resistentes permitía no solo capturar los peces sino también transportarlos pasando una cuerda por la boca y las agallas y llevarlos así hasta la aldea. ¿Prohibir una planta tan útil? Hace 7.000 años a nadie se le hubiese ocurrido. Por el contrario allí comenzó la siembra sistemática del Cannabis.

Aquellos innovadores empezaron la cultura de cuidar las plantas que a su vez nos cuidaban. En India y en China ya se sabía que era medicinal y que tenía poderes psicoactivos. Pero cómo registrar las ideas que brotaban de esa psicoactividad?

Los chinos probaron con los restos del procesamiento textil, puestos en tinajas con agua, molidos y a esperar que el agua se evaporara. Ahora la planta permitía registrar las ideas de una forma mucho mejor que el papiro. Y la planta una vez inventada la imprenta cambiaría a la cultura humana proporcionando el papel masivamente.  Shakespeare tampoco pensó en prohibirlo: el cannabis te da ideas y te proporciona el papel para escribirlas.

El cultivo se extendió por todas partes. Lejos de prohibir. Inglaterra y España sancionaban a quien no cultivara y llegaron a América con el mandato expreso de cultivar.

No se les ocurrió que fuese prohibida a los esclavos que trajeron sus semillas escondidas en ropas y cabellos, ni a sus captores que venían con todo pronto para intentar el cultivo. Había que construir velas, cuerdas, ropas. A América todos llegaron con la intención de plantar.

Y una vez llegada la independencia en EEUU George Washington y Thomas Paine no podrían haber estado más lejos de reclamar la prohibición de aquella planta que ellos cultivaban y con la que escribieron la primera constitución de su país.

Pero la población negra y la india que trabajaba en Centroamérica sabía que el uso de la flor era psicoactivo y eso generó otra revolución cultural que generó temor.

A comienzos del siglo XX el cannabis revolucionó el jazz, que ya era una música de libertad. Con el cannabis el jazz y el blues se popularizaron, el jazz se hizo bailable y atrajo a la población blanca.

La imagen de una mujer blanca en una situación erótica con un negro tocó las cuerdas más sensibles del conservadurismo wasp.  La élite blanca no estaba preparada para tanto y apenas terminada la ley seca había mano de obra disponible y dispuesta para una nueva persecución.

Tras miles de años de coevolución en 1937 empezó una ola prohibicionista que pretendió sin éxito separar a Homo sapiens de Cannabis sativa.

El cannabis continuó siendo parte de la música estadounidense, y del blues y el jazz pasó al rock. Bob Dylan convidaría a los Beatles y la revolución ya sería imparable. Había que construir el mundo bajo el prisma cannábico. Amar a la Naturaleza, frenar todas las guerras, dedicarse al amor y a la ecología. El cannabis derrotó a EEUU en Vietnam. Tanto en el frente de batalla como en las universidades y en la opinión pública.

Una nueva ola de temor invadió a las élites conservadoras: El poderío de EEUU estaba en peligro. El prohibicionismo pasó a ser guerra declarada en todo el continente.

Pero finalmente tanto por la batalla de quienes tuvieron parientes enfermos, como por la persistencia del arte denunciando una prohibición absurda como por el avance de la ciencia tras más de 50 años de investigación que tuvo como pionero a Raphael Mechoulam, la prohibición está ante su derrota definitiva.

El cannabis fue perseguido porque la libertad causa temor. Porque los militarismos son en realidad temerosos de todo lo que amenace su lógica de poder incuestionable y por la fuerza.

Pero tras 70 años de prohibicionismo se empieza a restaurar un amor mutuo y milenario. Es nuestra tarea consolidar este rencuentro. Si un día la prohibición vuelve querrá decir que nuestras libertades todas están en grave peligro. Si el Estado vuelve a mirar con drones o soplones nuestros jardines, querrá decir que la convivencia democrática está herida mortalmente. No dejemos que eso pase. Prohibición nunca más.

Empieza una nueva era, recuperamos la libertad para explorar todo lo que esta planta tiene para darnos. Exploremos.

 

Por Eduardo Blasina

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