Cannabis al rescate

La versatilidad de la cannabis queda manifiesta una vez más, ahora como remediación de suelos expuestos a la contaminación nuclear.                                                                                                 

La localidad española de Palomares en Almería, se convirtió en tristemente célebre por la caída de cuatro bombas termonucleares en enero de 1966. Dos aviones militares estadounidenses chocaron en el aire durante una maniobra de abastecimiento de combustible y cayeron con cuatro bombas con carga nuclear sobre el mar y la tierra de Palomares.

Más de 50 años después han decidido recurrir a la cannabis para tratar de descontaminar los terrenos afectados por aquel incidente. Siguiendo la experiencia realizada en Chernóbil y en la región italiana de Apulia, donde las raíces del cannabis han absorbido los metales pesados procedentes de la central accidentada en Ucrania y de una fábrica de aluminio en Italia.

La Asociación Civil Flecha Verde ha presentado un proyecto, que cuenta con la colaboración de departamentos de investigación de varias universidades, para plantar cáñamo en una de las parcelas valladas tras el siniestro. Aún permanecen sin acceso cuatro parcelas con una superficie de 40 hectáreas contaminadas en su mayoría con plutonio

Un estudio del gobierno español, realizado en 2008, halló medio kilo de plutonio en 50.000 metros cúbicos de tierra. Ahora una plantación de cannabis sativa podría acabar con todo ese veneno. En un principio, se llevaría a cabo en una hectárea de terreno para comprobar sus resultados y la viabilidad para una posterior ampliación.

El proyecto, según el presidente de la asociación, Indalecio Modesto, se basa en el sistema de fitorremediación, que consiste en la utilización de vegetales para la descontaminación de suelos o la depuración de aguas mediante la absorción de los metales pesados o plaguicidas. Concretamente, las plantas absorben la sustancia contaminante para metabolizarla, reduciendo en gran medida o incluso evitando su liberación a otras zonas, a través de su degradación, en el caso de los compuestos orgánicos, y su estabilización o extracción, en el caso de los inorgánicos.

Mario Land, médico experto en la aplicación del cannabis con fines medicinales, colaborador del proyecto de Flecha Verde, explica que la planta de la que se obtiene el cáñamo para uso industrial, con un ínfimo nivel de THC (componente psicoactivo) tiene un alto poder de absorción de metales pesados a través de sus raíces, capaz de reducir a la nada la contaminación de un terreno en menos de cinco años.

En este caso, según Land, se trataría de medir previamente la radiación de la superficie contaminada con altas dosis de plutonio y americio, para luego observar su evolución y la cantidad de metales pesados absorbida por las plantas para calibrar los resultados del proyecto. Para ello, cuentan ya con la colaboración de científicos de varios departamentos de las universidades de Almería, Granada y Barcelona, que se encargarían del seguimiento y análisis de la experiencia.

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